Una de romanos


Has visto un ciclo en televisión de cine en tiempos de Franco
yo soy aquel chaval que creció en la fila de los mancos.

Si un dedo acariciaba una pierna, un cuello, un sujetador
bramaba la temible linterna del acomodador.
Joaquín Sabina

Carlos Fazio, columnista de La Jornada escribe: “México vive una aguda lucha de clases. La actual disputa en torno al petróleo, que confronta a privatizadores y nacionalistas, exhibe el problema de manera descarnada. Continuación de la pelea en torno al fraude de Estado electoral, el conflicto sobre la privatización de Petróleos Mexicanos expone, en definitiva, la disputa entre dos proyectos de nación dentro de los marcos del sistema.

La primera fase de la lucha en torno a la contrarreforma energética de Felipe Calderón desnudó la renovada alianza de clases de los partidarios del status quo y el inmovilismo; de quienes se oponen a todo cambio social y al pensamiento crítico y solidario. Y como tantas veces antes en el pasado reciente, dicha alianza clasista se movió, en términos de propaganda, en dos terrenos interrelacionados, complementarios y, en rigor, sincronizados: el de los intelectuales orgánicos del sistema y el de la guerra sucia mediática patrocinada por la derecha más reaccionaria. En ambos casos, el escenario principal de la campaña de manipulación e intoxicación propagandística fueron los medios electrónicos bajo control monopólico, Televisa en primer lugar. Sin embargo, la prensa escrita también jugó papel destacado, sobre todo en las secciones de opinión.”

Hubo una época en la que, a quienes nos atraía la idea de la izquierda, cuando la izquierda en México y Heberto Castillo significaban la verdadera lucha, se nos tachaba de “comunistas de café”, a uno que otro profesor que nos diera clases entonces en la ESBAO, les disgustaba la plática sobre el tema en cualquier café en los Portales de Córdoba, hoy, vemos con tristeza que, la izquierda en México fue sólo un sueño que vivieron y en el que murieron muchos, Heberto Castillo y Pepe Revueltas entre ellos.

“En el fondo, la reacción de la cúpula empresarial, la ultraderecha corrupta y sus papagayos mediáticos no se reduce a señalar a AMLO como «un peligro para México». El verdadero temor de la plutocracia gobernante, sus aliados priístas y los intelectuales políticamente correctos guarda relación directa con el avance de la conciencia popular, las masivas acciones de la resistencia civil pacífica contra el fraude electoral y en defensa del petróleo y el surgimiento de distintas formas de organización horizontal en todo el territorio nacional.”

Pero esto no es sorprendente, sino lo que ocurre a nuestro alrededor, a pocas horas de distancia de la capital y en un día con un promedio de 40 grados Celsius; en Veracruz puerto, choferes del transporte urbano se enfrentan a la policía y son detenidos cinco choferes, entre ellos, el líder de la organización; transportistas de la CTM agradecen a Herrera Beltrán que la revolución le haga justicia a los verdaderos taxistas y el gobernador se traslada, de Veracruz Pe-te-o hasta Misantla, para estar presente en la segunda sesión del segundo periodo de sesiones ordinarias de la LXI Legislatura local.

Ahora cito a Pedro Echeverría: “Aunque con mil broncas económicas para trasladarme de un lugar a otro, desde hace décadas he pensado que se deben observar directamente los hechos para poder opinar con mayor conocimiento. Y no es que piense que la única vía del conocimiento es el pragmatismo y el objetivismo, es decir, que no puede darse el conocimiento por vía de la razón y la reflexión; pero vivir de manera permanente los hechos te puede hacer más sensible y comprometido. ¿Cómo hablar de problemas guiado exclusivamente por lo que uno lee en periódicos o ve por la televisión sabiendo que ésta, sobre todo ésta, entrega imágenes y lee textos deformando la realidad de acuerdo a su conveniencia empresarial? La gran prensa, radio y TV comercial tienen el objetivo de tergiversar totalmente la información de acuerdo a su muy particular interés, y el gran público, sin la mínima capacidad para discernir o diferenciar, repite y repite la idea que le inyectan en la cabeza.”

Si todas las cosas que los periodistas vemos, leemos o escuchamos no las sopesáramos con el lienzo de la delicada verdad, la información sería un pandemónium y entonces, quienes serían felices serían aquellos indios ladinos, mejor conocidos como pregoneros que, muy al estilo de Dionisio Pinzón, se guardan hasta tarde esperando las albricias de quien los contrató para contar sus hazañas, buscar el caballo –o la mula- que se extraviaron del corral y/o buscar al mejor postor para los insumos que debieron pertenecer a otros.

Por suerte, no nos ocurre lo que en Bolivia:

Avanza en estos momentos en Bolivia una estrategia, articulada por sectores oligárquicos e imperiales, destinada a atentar contra los esfuerzos de liberación del pueblo boliviano.

Ya en ocasión del Primer Encuentro Latinoamericano contra el Terrorismo Mediático, celebrado el pasado mes de marzo, periodistas latinoamericanos e investigadores de la comunicación denunciamos que en este momento histórico único para Bolivia y el continente, los poderes mundiales atacan los procesos de cambio haciendo uso de toda su artillería financiera, política y mediática.

La ultraderecha latinoamericana y el núcleo más duro de la administración de George W. Bush, aliados con sectores cipayos bolivianos, han puesto en marcha un plan contra Bolivia, pero más allá, contra todos los países suramericanos que buscan construir su destino, a partir de su autodeterminación política y social.

Apoyamos la lucha del pueblo boliviano contra esa ofensiva que, a través del “Estatuto Autonómico” que pretenden aprobar este 4 de mayo, intenta dividir el territorio de Bolivia con el propósito de defender los intereses de las oligarquías de Santa Cruz y de otros departamentos. Esta ofensiva, de nuevo, utiliza a los medios de comunicación como punta de lanza.

A través de grandes medios de comunicación, especialmente aquellos que se encuentran bajo el control de los latifundistas –como la red de televisión Unitel-, se ejerce una brutal presión para favorecer el separatismo apoyado por el imperio, como se hizo en Kosovo y se intenta hacer en Tibet.

Estas prácticas de terrorismo mediático impuestas contra el pueblo boliviano, han venido funcionando incluso antes del inicio del gobierno del indígena Evo Morales y han continuado a través del silencio cómplice sobre los avances y logros de la actual gestión, entre los cuales destacamos la nacionalización de los hidrocarburos, la Renta Dignidad, que es un salario de 32 dólares que cada mes se entrega a todos los mayores de 60 años; la cercana erradicación del analfabetismo, gracias al Plan Nacional de Alfabetización; la decisión de redistribuir la tierra a los campesinos y la Asamblea Constituyente.

Sin embargo, ahora la política de desinformación y propaganda se ha vuelto aún más condenable, cuando observamos la difusión de mensajes racistas, discriminatorios, cuyos resultados pueden resultar catastróficos. Con preocupación hemos escuchado hablar incluso de “limpieza étnica”, en el paroxismo de un lenguaje insultante y de promoción de la violencia contra las instituciones bolivianas.

Por tanto, expresamos nuestra más enérgica condena contra la violencia, tanto simbólica como real, que intenta acabar con la lucha del pueblo boliviano y nos declaramos nosotros también en lucha, para continuar denunciando y combatiendo el terrorismo mediático en nuestro continente y en cualquier parte del mundo donde los pueblos se pongan de pie.

Hacemos igualmente un llamado a todos los periodistas, sindicatos de periodistas, medios públicos, alternativos, comunitarios y universitarios de todos los países a denunciar esta acción ilegal de la oligarquía boliviana en alianza con los poderes imperiales.

Aquí en Xalapa hay muchos de esos pregoneros, que ni son bien vistos, ni bien admitidos y peor aún, son tan cobardes que, como el niño aquel que aprende a utilizar el charpe (resortera, le dicen en otros lares) tiran la piedra y esconden la mano, no sea que se les aparezca el diablo o, por el contrario, quieren que se les aparezca, no’ más pa’ ver que tan hocicón es.

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