No al terrorismo. Es inaceptable. No tienen madre. El primer antecedente que tenemos es el 8 de enero de 1994, cuando un taxi explotó en la Plaza Universidad de la Ciudad de México y también cuando fueron dinamitados algunos cajeros automáticos del entonces banco Bital. El escenario nacional estaba centrado en la irrupción del EZLN. Otro referente reciente son las explosiones de ductos de Pemex en varias zonas de la república. También la reciente explosión de un hombre-bomba en la ciudad de México a unos pasos de la Procuraduría. Es la expresión más pura de la traición a la república, sembrar el terror en los mexicanos, provocar la incertidumbre entre la élite económica y provocar el caos.

El Doctor en Historia por la Universidad de Harvard, Michael Ignatieff, publicó en 2005 un libro sobre el flagelo del terrorismo en el mundo, obviamente ribeteado con los acontecimientos del 11 de septiembre, fecha en que nos percatamos que todos somos vulnerables y desgraciadamente esas expresiones de sangre que teníamos alejadas de nuestra existencia, hoy las tenemos presentes en nuestro país, como una muestra severa de la descomposición que provocan las pugnas relacionadas al narcotráfico. En la citada obra editada en Taurus «El Mal Menor», el escritor originario de Toronto propone: «Cuando las democracias luchan contra el terrorismo están defendiendo la máxima de que su vida política debería estar libre de violencia. Pero derrotar al terror requiere violencia y también puede requerir coacción, engaño, secreto y violación de derechos». Un estado de excepción en donde incluso habría que preguntarse si el Presidente Calderón tiene pensado implementar el toque de queda como medio para mantener la seguridad pública.

La noche mexicana de Morelia, es uno de los episodios más trágicos que lastiman a todos, en donde las victimas somos todos, sin excepción, porque el terrorismo busca mantener la zozobra de todos los habitantes de México. El Presidente fue claro en su mensaje: «Se equivocan quienes pretenden que el miedo haga presa de nuestra sociedad y nos inmovilice. Con unidad y con entereza habremos de hacer saber a estos criminales que sin importar cuáles sean los intereses que persiguen, están condenados al fracaso y tendrán a todo México en su contra. Que no haya duda alguna: contra los enemigos de México se aplicará todo el rigor de la ley y se actuará con todo el poder y la fuerza del Estado».

Más allá de partidos, credos y preferencias, todos coinciden en el reclamo y la necesidad de que todas las autoridades actúen de manera coordinada, independientemente de los origenes partidistas, por ello el Gobernador Herrera Beltrán se solidarizó ayer en su artículo de la OEM: «Junto al presidente Calderón, le vamos a ganar la guerra al crimen. Desde Veracruz para todo el pueblo y Gobierno de Michoacán nuestro abrazo fraterno. Sé muy bien que para todos los familiares de las víctimas del cobarde atentado nuestras palabras de solidaridad son escaso consuelo. Esas personas saben que nadie que no haya sido afectado tan directamente como ellas puede compartir verdaderamente su dolor.»

El ejecutivo estatal continúa en sus expresiones de humanidad y de compromiso como funcionario público: «Algunas heridas pueden curarse con el paso del tiempo. Otras nunca llegan a cicatrizar del todo, como ocurre especialmente con la angustia sufrida por los supervivientes, que llevan heridas en el cuerpo o, por la pérdida de sus seres queridos, en el espíritu. Evitemos, al menos, explotar ese sentimiento. Debemos respetar a las víctimas. Debemos escucharlas. Debemos hacer todo lo que podamos por ayudarlas. Debemos estar dispuestos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para evitar que otros mexicanos humanos sigan su mismo destino. Por encima de todo, no debemos olvidarlas. En este momento la cobardía de los atentados en Morelia debe servirnos para mantenernos unidos como veracruzanos y como mexicanos. Los delincuentes y quienes buscan sacar irresponsablemente algún beneficio político buscan que el miedo se apodere de la sociedad. No lo van a lograr.»

El Doctor Ignatieff hace una pregunta retadora: «¿Debemos combatir el terrorismo con el terror? ¿responder a los asesinatos con más asesinatos? En esta época de terrorismo, la tentación de no tener piedad puede ser irresistible. Pero también nos empuja hacia el extremo opuesto, la preocupación que una respuesta violenta nos haga moralmente iguales a nuestros enemigos. Quizás no haya mayor reto político en la actualidad que intentar la guerra contra el terror sin perder el espiritu democrático. No nos atemoricemos, ni nosotros ni nuestros hijos se merecen un país en el terrorismo. luisguifranco@gmail.com

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