Verónica Woodhouse
Vaya puesta de pechito la del nuevo y por lo visto inoperante subsecretario de Gobierno, Francisco Portilla Bonilla. Bien dicen que más pronto cae un hablador que un cojo y, éste ilustre personaje de la Fidelidad, no podía ser la excepción.
A pesar de que todo indicaba lo contrario, el pasado martes, Portilla Bonilla se jactaba de que el ambiente previo al cuarto Informe de Gobierno del mandatario veracruzano, no podía ser mejor, ya que a lo largo y ancho del territorio veracruzano se respiraba un envidiable clima de paz, armonía y tranquilidad.
Aseguro, juro y perjuró que existía una «buena» relación con todos los partidos políticos, situación por la cuál quedaba totalmente descartado cualquier tipo de conflicto sociopolítico que pudiera tener lugar en estos días tan comprometedores.
Y sí, efectivamente, al menos en apariencia, la relación que se tiene con los partidos políticos, es tan buena, como los intereses, las circunstancias y las negociaciones a la postre lo permiten.
Estos días, la prioridad ha sido negociar con los partidos de oposición representados en el Congreso local, para que el próximo 15 de noviembre, nada empañe el gran día del gobernador, labor bien efectuada por el coordinador de la bancada priísta y presidente de la Junta de Coordinación Política de la LXI Legislatura, Héctor Yunes Landa.
Portilla Bonilla, ya no ocupa una curul, pidió licencia para ocupar la silla de la Subsecretaria de Gobierno y, por lo tanto, debe dejarle a Yunes Landa, las negociaciones y el cabildeo de los diputados para ocuparse de los asuntos que si no se manejan bien podrían poner en riesgo la gobernabilidad de la entidad veracruzana.
Los campesinos e indignes veracruzanos, con justificada razón, ya no confían y mucho menos creen en el gobierno de Veracruz.
¿Cómo hacerlo si las promesas y la palabra del gobernador son minadas por las ordenes del secretario de Gobierno, Reynaldo Escobar Pérez y por la falta de…. Llamémosle capacidad del Subsecretario del ramo, Francisco Portilla Bonilla?
El gobernador promete y se compromete con los líderes de los diversos sectores del campo veracruzano y, en apariencia, ordena a sus secretarios resolver los conflictos, atender a la gente, cumplir con la palabra empeñada, atender las demandas, sin embargo, la mayoría de las veces, esto, jamás sucede.
Se deja a la gente colgada, las mesas de negociación, sirven para dos cosas: para nada y para lo mismo. Los funcionarios menores que asisten, o tienen la instrucción de dar largas, o bien, a la hora de la verdad, salen con el cuento de que no tienen la facultad para resolver.
Se deja crecer los asuntos a tal grado, que la gente, cansada de esperar un mañana que nunca llegará, acaba por organizarse para marchar a dónde si les resuelvan: a la capital. Así pues, se preparan, piden prestado, pintan sus pancartas y salen de sus hogares hacía el lugar, en el que se dicen, serán escuchados: La Plaza Lerdo.
Así pues, agarran camino, recorren kilómetros y kilómetros, de cinta asfáltica, el cansancio no los vence, al contrario, los fortalece. Piensas que ahora sí, las promesas del gobernador por fin les serán cumplidas. ¡Vaya error!
Antes de llegar, son contenidos por feroces elementos policíacos, las promesas del gobernador, se les regresan con toletes que algunas veces, son acompañados por densas nubes de gases lacrimógenos.
Sus humildes ropas, son desgarradas y sus cansados cuerpos, son agarrados como ponchinbags, pues una y otra vez, reciben los certeros impactos de los duros toletazos, su derecho de libre tránsito es impunemente violentado y, es entonces, cuando se preguntan:
¿Acaso la represión es la cara oculta de la Fidelidad?
Este miércoles, nuevamente quedó asentado que en Veracruz, el diálogo no existe, que lo de hoy, que lo de la Fidelidad, es la represión.
Para impedir que miles de campesinos adheridos al Comité de Defensa Ciudadana (Codeci), provenientes de las zonas sur, norte y centro arribaran a esta ciudad capital, por instrucciones del encargado de mantener la gobernabilidad, el secretario de Seguridad Pública, el general Sergio López Esquer, puso en marcha sendo operativo policíaco para contener la movilización.
Cualquiera pensaría que con tal despliegue, el objetivo era agarrar a un grupo de esos inexistentes malosos que a cada rato hacen de las suyas por estos lares, sin embargo, nada de eso sucedió, el objetivo era impedir a toda costa que los indígenas nahuas, chinantecos, huastecos, totonacas y mazatecos que llevan tres años pidiendo que se cumplan las promesas empeñadas, pusieran un pie en la capital del estado.
Casi tres mil indígenas fueron cercados allá por Nautla, mientras que unos tres mil más, luego de cortar cartucho, como si se tratara de viles delincuentes, fueron concentrados por elementos policíacos en el Agrocentro Siglo XXI, elefante blanco del exgobernador Miguel Alemán, que es utilizado por la administración fidelista como centro de confinamiento para los trabajadores del campo.
Que las promesas de Fidel no son cumplidas por instrucciones del secretario de Gobierno, no es nada nuevo. Qué Reynaldo Escobar Pérez, por falta de capacidad opte por la represión, tampoco lo es, lo que si es nuevo, es la falta de operatividad mostrada por Francisco Portilla Bonilla, quién no fue capaz de evitar que la cara más cruda de la Fidelidad volviera a ser mostrada.
Se pensaba que con la llegada de este nuevo funcionario estatal, las cosas para los más desprotegidos en Veracruz iban a ser distintas, que el diálogo, el respeto y la capacidad iban a desterrar la desidia, la prepotencia pero sobre todo, a la incapacidad, incrustadas en esa área de gobierno.
Lamentablemente, no pudimos estar más equivocados, pues lo que sucedió este miércoles lo demuestra. Pobres de nuestros indígenas veracruzanos, a quienes no les quedara de otra más que olvidarse de las promesas y quedarse con los toletazos como un ingrato recuerdo de la Fidelidad.
PS: Vaya pues con las puntadas del Secretario de Agricultura del estado, Juan Humberto García Sánchez. ¿Acaso no se dará cuenta que al decir que los campesinos no han evolucionado, solito, se esta clavando un puñal?

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