SÉ, ¡SI!


LUIS GUILLERMO FRANCO

La mano extendida con el corazón caliente y la cabeza fría

Somos símbolos. Confucio insta ser generosos pero con la calma para que nuestras emociones sean aquilatadas con el juicio. Centurias han pasado desde que ese célebre pensador, dictará sus sentencias que concurrían a su ejercicio intenso de reflexión. La agudeza trasciende los tiempos, por ello siempre será importante acudir a la lectura de los clásicos –esos tipos que al carecer de televisor, solamente tenían tiempo para mover las neuronas en su cacumen- porque sus apreciaciones sobre la naturaleza del hombre se mantienen vigentes en su esencia.

Todos los vigías y líderes de las civilizaciones del mundo han tenido un conjunto de valores propios que los identifican como los impulsores de la evolución social de sus pueblos. Siempre la humanidad ha significado a ciertos símbolos como equivalencias de carácter divino o como arengas de pertenencia a un grupo. De esa manera los pueblos antiguos se extasiaban ante la manifestación de un rayo en los horizontes, de un arcoiris sobre las planicies o las cumbres y ante la llama ardiente sobre los pastizales. Estos ejemplos que acabo de enumerar, demuestran que en la eternidad siempre el “pre” y “post” homo sapiens ha tenido una encantadora manía de darle asideros fantásticos a lo que puede explicarse como un fenómeno propio de la madre naturaleza.
Con el transcurrir de los años, Pitágoras verbigracia propuso el símbolo del Tetraktis como la cúspide de la perfección sustraída de elementos de carácter matemático. 1+2+3+4= 10. Esa pirámide construida con puntos culminaba en que la unidad prevalecía al sumar los dígitos de la decena. El uno es el origen de todo, la soledad que insta a escribir y proponer, el inicio –aunque continuando con los símbolos, Adán y Eva fueron dos unidades- de la maltrecha reproducción que inspiró a Malthus con su terrible máxima: “La población humana crece en proporción geométrica y los medios de subsistencia lo hacen en progresión aritmética”. En muchas regiones esto ya es una truculenta realidad, muchas personas y alimento insuficiente para saciarlas.
Otro grabado universal, es el crucifijo, signo que representa el dolor que vivió Jesús el Cristo por su rebaño, para que éste se salvara. En las antípodas de los continentes, se adora una imagen de un hombre rollizo, con su abultado vientre al desnudo y con un mutis sonriente. Hay versiones de que Buda era un tipo más bien delgado, pero su efigie conocida es la de un tipo de muchas carnes.
El mito del reptil engullido por un águila posada sobre una cactácea, es otro icono que en este caso hace que apelemos a nuestro nacionalismo. Los pueblos que transitaron en la era glaciar por el estrecho de Behring, iban en busca de esa señal que encontraron en el lago. Tenochtitlan secaba las aguas para ser la sede del imperio azteca. En la región del golfo, un glifo de un roedor de grandes orejas y con una cifra, representaba al gran soberano del Totonacapan: Trece Conejo. En esa misma cultura, las aves humanas rendían culto a los cuatro puntos cardinales para lograr buenas cosechas.
En otra coordenada del tiempo, la cruz gamada tiene registros de hace más de 12 mil años en las tierras griegas, pero el referente que todos tenemos en la conciencia colectiva, es la bandera que ondearon los nazis –la suástica- durante el vergonzoso trance del holocausto. Adolfo Hitler decidió utilizar lo que se consideraba como un símbolo de buena suerte pero que hoy es la síntesis de la perversidad del hombre contra el propio hombre. El Brazo extendido con la palma abierta en un áspero “Heil Hitler” era la señal para afirmar la hermandad de los cerdos –sólo los de la piara, los gentiles quedan exentos, no generalizo- alemanes.
En otra latitud, Churchill, el premier británico que prometió a su pueblo “sangre, sudor y lágrimas”, utilizó la mano para mostrar la “V” de la victoria a un pueblo ávido de que la cortina de hierro no se acercara a la bisagra del atlántico y el mar del norte. Otro simbolo contemporáneo fue el del Black Power olímpico. Tommie Smith y John Carlos protagonizaron el el acto más político en la historia de los Juegos Olímpicos. El podio del Black Power de México 68. Un 16 de octubre con los puños vestidos con guantes de cuero negro, se tornaron en la protesta por excelencia de los negros, la rebelión más célebre en la historia del deporte mundial. Hoy un negro muestra la mano y el pulgar como símbolo del triunfo de la esperanza. Hoy celebramos que el gran imperio en la debacle tenga un líder: Barack Obama. Pensemos en positivo, tenemos que celebrarlo, porque los clásicos vuelven a levantar la mano afirmando: Un imperio en decadencia siempre será peligroso.

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