Siempre que escuchamos que una mujer asume un cargo en la función pública nos llenamos de gusto porque sabemos que es algo muy difícil de lograr en una sociedad que aún es machista. Las mujeres avanzan en áreas que antes eran sólo para hombres, ahora vemos mujeres reporteras, policías, taxistas, boxeadoras, diputadas, senadoras, alcaldesas y hasta en la fuerza aérea militar. Esto quiere decir que avanzamos poco a poco en la equidad de género.
Cuando una mujer está al frente de un cargo público- como en su caso particular- nos emociona la idea que por ser la mujer portadora de valores, madre, hija o esposa, tiene una visión sensible de ver las cosas, un compromiso innato de ayudar a los más desprotegidos que es precisamente lo que imprime un toque especial en la forma de trabajar haciendo a un lado lo mezquino.
Lamentablemente a veces las ambiciones, los intereses personales, o simplemente la falta de humanidad y humildad –cualidades indispensables en cualquier servidor público- hacen que se pierdan los valores y se actúe por conveniencia sin pensar en los que pueden sufrir con decisiones egoístas.
Cuando una mujer está al frente de un cargo público es porque tiene la capacidad de desarrollarlo y eso se admira como en su caso, sin embargo, es muy lamentable que una vez más se continúe con la “tradición” de usar toros en la celebración de la Candelaria, pero más lamentable aún es que se pretenda decir como cada año que no hay tal maltrato cuando los videos, las fotos y los testimonios dicen una cosa totalmente diferente. Todo lo que se dice que se implementará en cuanto a vigilancia queda siempre en buenos deseos y en simulación, el alcohol y la euforia rebasa a estas fiestas que irónicamente son en honor a una virgen, que lamentable que no se vea el toque humano de una mujer en estas fiestas que bien podrían ser ejemplo de arte y cultura si se suprimiera la participación de los toros.
Déjeme decirle que los toros no son una tradición: ¿Desde cuándo las apologías a la violencia y la destrucción son dignas de perpetuamiento histórico?. La pretendida racionalidad de nuestras sociedades, y los nobles objetivos pacíficos en el mundo, están amenazados toda vez que dejamos a este tipo de tradiciones ser fundamento formativo de las nuevas generaciones.
Las corridas de toros y otros espectáculos violentos con ellos, como las pamplonadas, no son un arte; El arte es un proceso de creación y construcción, que da vida, no la quita. El toro no muere dignamente; La dignidad es un valor y una categoría construida por los humanos para simbolizarnos cosas. ¿Es digna una muerte lenta, dolorosa, torturante, asfixiante?.
Los toros no son cultura; En 1980, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), máxima autoridad mundial en materia de cultura, emitió su opinión al respecto: “La tauromaquia es el malhadado y venal arte de torturar y matar animales en público y según unas reglas. Traumatiza a los niños y a los adultos sensibles. Agrava el estado de los neurópatas atraídos por estos espectáculos”.
No son parte de la tradición religiosa, que honra a la virgen y a algunos santos; Este es un gravísimo error. La iglesia, en varias oportunidades, ha condenado la celebración de fiestas en que se torturen y maten animales. Juan Pablo II, haciendo un estudio de la Biblia dijo alguna vez que “el hombre, salido de las manos de Dios, resulta solidario con todos los seres vivientes, como aparece en los salmos 103 y 104, donde no se hace distinción entre los hombres y los animales”.
El toro sufre aunque durante el “espectáculo” no exprese ningún sonido: como cualquier animal con cerebro y con un sistema nervioso central, sí siente: si vemos a una mosca posarse sobre el lomo de un toro, apenas la percibe éste trata de espantarla. ¿Cómo no sentirá un toro los golpes, los cortes de sus cuernos, las patadas o hebillazos que recibe durante las fiestas de la Candelaria? ¿O acaso el toro se orina y defeca en el recorrido porque le da pánico escénico?. El toro no nació para ser el actor principal de “espectáculos” donde los torturan y asesinan posteriormente; La mayoría de toros fueron criados y predeterminados por los criadores para ese destino. Fue un capricho y una voluntad humana. A menudo los ecologistas escuchamos: “El que quiera ver “espectáculos” de toros que los vea, el que no que se vaya” Podría decirse lo mismo de la pedofilia: el que quiera hacerlo que lo haga, los otros, que hagan de la vista gorda y sigan su vida.
Todos los animales tienen derechos: derechos a la vida, a un trato digno a ser libres de la crueldad humana y están consagrados en la Declaración Universal de los Derechos del Animal, aprobada el 15 de octubre de 1978 aprobada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y posteriormente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Por todo lo anterior respetable alcaldesa, aunque este año se continúe con esta barbarie los activistas a favor de los derechos de los animales seguiremos con la lucha que algún día fructificará porque afortunadamente cada vez hay más personas concientes del valor y respeto que merecen los animales y déjeme decirle que se sorprendería de saber cuantas mujeres de diferentes edades y ocupaciones amamos y hacemos algo por los animales diariamente, ojala usted algún día sea parte de esas mujeres y se solidarice con una causa que le aportara otra forma de ver la vida. La crueldad y la maldad no deben jugar parte en una sociedad civilizada.
“Verdaderamente, el hombre es el rey de los animales, pues su brutalidad supera a la de éstos”. Leonardo Da Vinci















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