Hoy nos congrega un aniversario más de nuestra Ley Suprema.

La que nos da certidumbre jurídica..

La que nos da identidad y sentido.

La que no implica unanimidad sino acuerdo en las reglas fundamentales para dirimir, incluso, nuestras mas profundas diferencias.

La que limita el poder público y permite la coexistencia del derecho de todos.

La que es faro y guía para quienes tenemos la compleja tarea de legislar.

La que siendo producto de la lucha fraticida mas dolorosa de nuestra historia, paradójicamente terminó constituyéndose en el instrumento mas eficaz para la paz social de la Republica.

Hoy nos congrega la celebración del nonagésimo segundo aniversario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917.

Señoras y señores:

Cuando se discutía en el Congreso Constituyente en Querétaro, sobre la naturaleza jurídica y la integración formal de la Constitución , Heriberto Jara preguntaba a los Constituyentes del 17: ¿qué es lo que cabe en una Constitución, qué es lo que debe de caber y qué es lo que no debe de caber en una Constitución que busque darle rumbo y sentido a una nación? ¿Quién ha hecho la pauta para las constituciones, quién ha señalado los centímetros que debe de tener la letra de una Constitución? ¿Quién ha dicho, decía Heriberto Jara, cuántos renglones o cuántos capítulos o cuántas letras son las que deben de formar una Constitución para entonces tener la libertad de construir el futuro de una nación?

Todo ello es ridículo, decía Heriberto Jara, por querer meter en los límites de una Constitución lo que está reservado al criterio de los pueblos, al anhelo de su superación y a la lucha por trascender y el mejorar su vida.

Nace así la Primera Constitución Social del siglo XX.

Señoras y Señores:

Para fortuna de la Republica , a pesar de sus 92 años de edad, nos rige una Constitución viva, un cuerpo legal en permanente desarrollo que prevé realidades y las acoge, que contiene ideales sociales y los persigue, que se nutre de esas realidades del mundo en constante transformación y la combina con los ideales que atesora, para mantenerse siempre viva.

Frente a aquellos que, con miopía histórica, rechazan la validez de los cambios Constitucionales; frente a los anticuarios de las ideas políticas, que quisieran ver intocada a nuestra Ley Suprema; frente a los que embalsaman su ideología y cierran los ojos al avance impetuoso de la historia; debemos externar nuestro beneplácito, por tener en nuestra Constitución un texto jurídico vivo, abierto, en evolución ininterrumpida, susceptible de modificarse cuando la propia realidad y el progreso se lo demandan.

Hay quienes ven en las reformas a nuestra Carta Magna signos de retroceso en nuestro proceso revolucionario y hablan del resquebrajamiento del orden constitucional de la Nación.

En una actitud que raya en la demagogia niegan una de las mayores virtudes de nuestra Revolución, que ha sido su gran capacidad para adaptarse a las décadas de cambios profundos y vertiginosos, haciendo de las reformas constitucionales el mejor método para seguir conduciendo al pueblo mexicano en la paz social y en el mejoramiento de su nivel de vida. Olvidan que el propósito vital de una Revolución, es la trasformación; olvidan que una Revolución que ignora la realidad es una Revolución condenada a muerte:

Y como anticipara Don Jesús Reyes Heroles: “Un pequeño cambio en la realidad vale, desde el punto de vista revolucionario, más que diez mil teorías sobre el cambio o su posibilidad. Un paso hacia adelante, por pequeño que sea, implica, desde un punto de vista auténticamente revolucionario, más que toneladas de frases o buenas intenciones”.

Señoras y señores:

Hoy como cada año, se ha desatado un debate sobre si México requiere una nueva Constitución. Es evidente que ante algunos de los conflictos surgidos en los últimos tiempos hemos volteado los ojos a nuestra norma suprema sin encontrar una respuesta en ella, pero ello no significa la necesidad de una nueva Carta Magna. El problema empieza por ser de eficacia en su cumplimiento y aplicación y de adaptación a las exigencias actuales.

Valdría la pena preguntarnos previamente si existe ya un proyecto nacional que mayoritariamente abracemos los mexicanos en temas tan importantes como la soberanía y la globalización, los energéticos, el papel del Fisco, el papel del Estado frente a los monopolios, la inequitativa distribución del ingreso nacional, el incremento de la pobreza, la impunidad y la inseguridad pública. Solo después de tener estas respuestas, procedamos a la reforma, nunca antes.

Amigas y amigos:

Es verdad que aún nos falta mucho camino en la ruta hacia la consolidación del proyecto de Nación al que aspiramos. Pero también es innegable, que mucho hemos avanzado y que el México de hoy es otro, muy diferente al de 1917, demográficamente hemos crecido transformando la sociedad rural en urbana, los adelantos científicos y tecnológicos exigen nuevas disposiciones, la globalización en sus múltiples manifestaciones requieren de políticas diversas, el reconocimiento internacional de los nuevos derechos humanos, así como la alternancia política pone a prueba el ejercicio del poder público.

Ante este nuevo escenario, la política como ciencia y como arte, como materia para la reflexión y el ejercicio cotidiano a favor de la sociedad, nos obliga a actuar con mayor responsabilidad.

Por ello duele, por ello lastima, por ello ofende que a unos días de un aniversario más de la promulgación de la Constitución que protestó cumplir y hacer cumplir como titular del poder Ejecutivo Federal, el autoproclamado Presidente del cambio haya reconocido haber dejado encargado el timón para abocarse mediante ocurrencias y exabruptos a incitar la tormenta.

En lenguaje de abogados, a Confesión de parte, relevo de pruebas.

En Veracruz, en un distante extremo, se ha honrado la palabra. Fidel Herrera, maestro en derecho, conoce pormenorizadamente la Constitución que ha protestado cumplir. Como Parlamentario que ha sido por 5 ocasiones ha incluso participado en varias de sus reformas.

Como gobernador la ha empuñado.

Con ella gobierna.

A ella le ha guardado fidelidad y respeto.

Con la Constitución en la mano ha sumado voluntades y esfuerzos para cumplir y crecer, para cambiar y transformar, para realizar en 4 años una impresionante obra de gobierno y para proponerse nuevas y desafiantes tareas que, como bien se ha dicho, puede medirse en horas. Todo esto en una época en que las demandas se multiplican y los recursos son escasos.

Lo ha hecho conciliando, lo ha hecho tolerando, sumando divergencias y venciendo resistencias. Ha sabido gobernar teniendo la ley como norma y como referencia, y dentro del margen que la ley permite ha sido innovador y creativo.

Así se honra en Veracruz la memoria de nuestros constituyentes.

Así nos proponemos seguirlo haciendo por el bien de Veracruz y el de la República.

¡Muchas Gracias!

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