De particular importancia resulta resolver la contradicción entre desarrollo y protección ambiental. El reto fundamental radica en la posibilidad de resolver las necesidades presentes de la población sin afectar ni comprometer el futuro de las próximas generaciones. Por ello es de suma importancia promover una cultura ecológica en todos los niveles y ámbitos de la sociedad para promover la conservación y explotación racional de nuestros recursos naturales.
De mayor importancia es también la preservación de nuestros recursos forestales, acuíferos, pesqueros, agrícolas y ganaderos, fortaleciendo, al mismo tiempo, la conciencia nacional que impida que nuestro país se convierta en receptor de desechos peligrosos y contaminantes.
La política y la planeación del desarrollo debe considerar la política ambiental de largo plazo e inducir los planes, programas y proyectos federales, estatales y municipales para atender los grandes retos del país en la materia, tales como el cambio climático, biodiversidad, agua y bosques.
Es apremiante alentar la protección y la restauración de áreas naturales, para conservar e impulsar la biodiversidad, impulsando acciones que las hagan compatibles con el desarrollo económico y social de las comunidades asentadas en áreas protegidas, promoviendo el desarrollo del manejo forestal comunitario.
De igual manera los ayuntamientos deben implementar una cultura de protección ambiental en hechos y no en papeles o fotos como regularmente acostumbran para preservar el medio ambiente de cada municipio. Aparecer en una gráfica sembrando un arbolito no resuelve el problema de fondo, son indispensables las políticas públicas encaminadas a este fin, por ejemplo, el adecuado tratamiento a los residuos sólidos, fomentando el reuso y reciclaje de éstos.














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