
Manuel J. Jáuregui | Vaya nuestro más sentido pésame a las familias de los 25 miembros de la Guardia Nacional, un custodio y un miembro de la Fiscalía estatal que perdieron la vida cumpliendo con su deber, al ser baleados por los sanguinarios sicarios al servicio de «El Mencho» en el operativo que acabó con su reino de terror. Igualmente, felicitaciones amplias y sinceras al General Secretario Ricardo Trevilla, al Secretario Omar García Harfuch y a la Presidenta Sheinbaum por el éxito del operativo que descabezó a uno de los cárteles más barbáricos de toda Latinoamérica. También por demostrar la eficacia de una relación COOPERATIVA con organismos de inteligencia de Estados Unidos, de cuya ayuda no tenemos nada de qué avergonzarnos. Habrá que lamentar que durara apenas 24 horas el disfrute de tan exitosa operación, pues ya para ayer en la mañana el Presidente D.J. Trump estaba jorobando con que México «debe intensificar sus esfuerzos» en la lucha contra las drogas y los cárteles.
Por su nuestra parte, quisiéramos compartir con ustedes, amables lectores, una preocupación. Tras la caída de «El Mencho» hubo disturbios en cuando menos VEINTE Estados del País, al tiempo que los cuerpos de inteligencia norteamericanos consideran que el CJNG -hoy acéfalo, pero no por mucho- «tiene presencia» en VEINTISIETE entidades. Su ubicuidad, visible con los bloqueos carreteros y demás alteraciones al orden, da cuenta de que el Gobierno mexicano se enfrenta a una organización que no sólo abarca una buena parte del territorio, sino que además está muy diversificada con actividades criminales que van desde la operación de RESORTS para lavar dinero, contrabando de alcoholes, cigarros y vapeadores, hasta el trasiego de drogas, secuestros, extorsión, HUACHICOL, cobro de piso, robo en carreteras y muchas más. Esto es sólo UN cártel de muchos que, lamentablemente, proliferan en nuestro País.
No puede tolerarse que una organización criminal o varias PUEDAN MÁS que el Estado mexicano. Urge a México recuperar el CONTROL de su TERRITORIO, imponer la paz y el orden, y restaurar el imperio de la ley. Reconocemos, sin embargo, que esto no se podrá lograr mientras esté borrada la línea entre la política y los cárteles. Salta a la vista -los hechos lo prueban- que esta PROLIFERACIÓN de cárteles y sus actividades delictivas sólo se puede dar con la protección de autoridades que han sido corrompidas e instituciones de gobierno infiltradas. Los cárteles no podrán ser combatidos SI ANTES no combatimos la NARCOPOLÍTICA: mientras patrocinen las campañas, reciban inmunidad e impunidad por parte de los responsables de las instituciones creadas por el Estado mexicano, no hay forma de que puedan ser vencidos.
Afirman que el mismo «Mencho» evadió VEINTE intentos de captura previos, porque gozaba de la ayuda de gente de adentro que le daba los pitazos. Ante el juez en Nueva York, «El Mayo» Zambada declaró que pudo dedicarse al trasiego de drogas por más de 40 años por sobornar a policías, políticos y militares. ¿Acaso mintió? La negativa del actual Gobierno a INVESTIGAR de oficio graves irregularidades con este tema tiende a sugerir que, por razones de COFRADÍA política, posibles relaciones de altos políticos con los cárteles no serán ni terminadas ni castigadas. Mientras persista esta «política de Estado» que extiende un manto de IMPUNIDAD, los cárteles no podrán ser vencidos ni podrá lograrse una paz duradera.
¿En qué país avanzado hemos visto que la captura de un pillo (o PILLOTE) trastoque casi a toda una nación y obligue al cierre de aeropuertos y cancelaciones masivas de vuelos? Lo ocurrido tras el abatimiento de «El Mencho» es INACEPTABLE; el Gobierno no debe temerle a los cárteles, sino los cárteles al Gobierno. Nadie puede RETAR la fuerza del Estado, no cuando nuestra Constitución le otorga el MONOPOLIO DEL USO DE LA FUERZA.
Sí, fue un éxito la operación que acabó con «El Mencho» y mereció la felicitación del Gobierno norteamericano vía la vocera Leavitt y el Subsecretario Landau, sólo que simultáneamente exhibió al ídolo con pies de barro: un Gobierno incapaz de ejercer su CONTROL TERRITORIAL mostrando falta de contundencia ante la delincuencia extrema.
















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