
Edwin Francisco Martínez Orduña | Abogado , columnista y Analista político | La marea negra ya alcanzó las costas de Veracruz. El petróleo flota donde antes nadaban peces y hoy amenaza la fauna marina y el sustento de cientos de pescadores que viven del mar.
Pero mientras el crudo avanza sobre el litoral, desde el gobierno estatal llega el discurso de siempre: minimizar el problema.
La gobernadora Rocío Nahle ha declarado que la fauna marina no ha sido afectada y que las playas ya están siendo limpiadas. Una afirmación que contrasta con lo que pescadores y habitantes de la costa observan todos los días.
Lo verdaderamente preocupante, sin embargo, es la opacidad.
Hasta el momento no hay detenidos, no hay responsables identificados y tampoco existe información clara sobre qué empresa o instalación provocó el derrame. El silencio institucional comienza a pesar más que el propio petróleo en el mar.
Tampoco existe un programa público serio de saneamiento ni un plan de restauración ambiental. Nadie explica cómo se recuperarán los ecosistemas dañados, cuánto tiempo tomará la recuperación ni qué apoyos recibirán los pescadores que hoy ven amenazado su ingreso.
La improvisación parece haberse convertido en política pública.
Y no es la primera vez. La gobernadora ya arrastraba cuestionamientos desde su participación en el proyecto de la refinería Refinería Dos Bocas, una obra marcada por sobrecostos, retrasos y poca transparencia.
Hoy Veracruz enfrenta una emergencia ambiental y lo mínimo que se exige es responsabilidad, claridad y resultados.
Porque cuando el petróleo llega a la playa, los discursos ya no sirven para limpiar el mar sino para manchar la conciencia de los gobernantes
Señora Nahle si no puede renuncie
















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