
Por Si Estaban Con El Pendiente | Quetzalli Carolina Vázquez | La gobernadora Rocío Nahle García cambió el discurso, antes decía que la atacaban a ella; hoy asegura que “atacan a Veracruz”; el truco es el mismo, solo que ahora el disfraz es más grande.
La jugada es simple: si la critican, no es por su gobierno, es porque “van contra el estado”. Así pretende convertir cualquier señalamiento en traición y cualquier error en victimismo.
Pero no, Veracruz no es su escudo, ni su coartada, ni su excusa, porque una cosa es el estado y otra muy distinta quien lo gobierna y la gente lo sabe.
La gobernadora cambio el discurso pero no su actitud: el mismo tono de imposición, el mismo “aquí mando yo”, la misma distancia con la realidad.
Mucho discurso de defensa y muy poca autocrítica, mucha investidura y demasiada soberbia.
Rocío Nahle ahora se envuelve en la bandera para frenar el desgaste, pero en la calle no hay narrativa que alcance: hay molestia, hay cansancio, hay decepción.
Y no, gobernadora: criticar no es atacar, cuestionar no es traicionar y señalar errores no es ir contra Veracruz, es
precisamente, lo contrario.
Porque cuando el poder deja de escuchar, empieza a confundirse y cuando se confunde, empieza a perder y eso, tarde o temprano, se paga…. En las urnas.
PRIMERO HABLA, LUEGO PIENSA Y DESPUÉS RECULA.
El caso de la joven Kathya, quien murió presuntamente después de comer un dulce que le obsequió un trailero, no solo deja dudas en la investigación, también exhibe la improvisación desde el poder.
La Fiscalía General del Estado de Veracruz, encabezada por Lizbeth Aurelia Jiménez Aguirre, sostiene que no hubo sustancia en el dulce que provocara la muerte pero el padre no lo cree: mandó analizar el segundo dulce y asegura que sí hay indicios de algo prohibido.
Dos versiones, ninguna cerrada, muchas dudas y en medio, la gobernadora.
La Rocío Nahle que todos conocemos, apresurada al responder y sin previo análisis, primero pide que la fiscal salga, que explique, que dé la cara y —tres Doritos después— recula: que mejor no, que primero la familia, que si autorizan, entonces sí.
Traducción: primero habla… luego recuerda que hay leyes.
Porque sí, aunque a veces parezca novedad, la gobernadora no debe disponer de la fiscalía como si fuera vocería personal; hay procesos, hay derechos, hay límites.
Pero el patrón se repite: opina primero, corrige después, como en el caso de la maestra Irma, como cuando minimizó las inundaciones, como cuando redujo un derrame a “gotitas”.
Siempre igual: declara… y luego ajusta.
Y el problema no es que recule, es que nunca frena antes de hablar.
MAESTROS, ENTRE EL DISCURSO Y LA REALIDAD.
La gobernadora Rocío Nahle García puso orden, al menos en el discurso; dijo que los maestros del programa Vasconcelos no deben dejar de dar clases y que el conflicto debe resolverse.
Traducido: un jalón de orejas para su secretaria de Educación, Claudia Tello.
Pero en la Secretaría de Educación de Veracruz el mensaje simplemente no existe.
Son 25 docentes despedidos desde enero, maestros con más de 20 años frente a grupo, sin plaza, pero con historia, hoy, fuera de las aulas y peor: ignorados.
El sindicato al que pertenecen los docentes respondió, su dirigente, Gerardo Velázquez Maravert, aceptó el diálogo que la gobernadora dijo abrir… ese mismo que la SEV mantiene cerrado.
Así se gobierna hoy: arriba se promete diálogo, abajo se bloquea.
Una mano ofrece… la otra niega.
Habrá que ver si la secretaria corrige o si decide ignorar incluso a su propia jefa y, sobre todo, si esos maestros regresan a donde nunca debieron salir: las aulas.
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