Pedro Antonio Honrubia Hurtado
Ahora que han pasado algunas semanas del último atropello a la libertad de expresión que el grupo PRISA ha cometido contra aquellas voces que se levantan en contra de la verdad establecida por el poder de facto del estado (banqueros y otros magnates), cuando aún seguimos estupefactos por la bochornosa expulsión del profesor Carlos Fernández Liria de un programa de radio sólo por decir verdades como puños [1] , y en medio de la polémica que aún resuena acerca de la pretensión de Chávez de nacionalizar el Banco de Venezuela hasta ahora en manos del grupo Santander, seguramente sea un buen momento para profundizar en las causas y motivos que llevan a la prensa neoliberal mundial (y especialmente a la española) a mentir y manipular sobre todo aquello cuanto acontece en América Latina (especialmente en Venezuela [2]).
No pretendo, Dios me libre, repetir aquí los tan traídos y llevados argumentos, sobradamente analizados por sabios expertos en la materia infinitamente más preparados que yo, acerca de los intereses económicos que las multinacionales diversas tienen en la región, simplemente porque es algo que ya doy por supuesto en toda aquella persona que tenga un mínimo de luces. Aunque no deja de ser curioso, por ejemplo, puestos a entender las razones por las cuales fue expulsado Carlos Fernández Liria de la emisora de marras, que ahora el diario EL PAIS nos traiga a diario (valga de redundancia) en sus páginas sobre internacionales informaciones relacionadas con el conflicto colombiano, cuando cualquiera que haya sido asiduo lector de este diario (aunque sea por internet, como es mi caso) sabrá que éste ha sido un tema que hasta hace apenas un año apenas si ha ocupado espacio alguno, y menos de manera diaria, en las páginas y cabeceras del periódico nombrado. Informaciones, por supuesto, siempre en consonancia con la visión que el gobierno de Uribe tiene de la situación en el país. Digo que es curioso, no sólo porque el profesor fuese expulsado tras, entre otras cosas, hablar a las claras de la naturaleza paramilitar del gobierno Uribista, sino que esto ocurre justo en el momento en que el Grupo PRISA está compitiendo en el país sudamericano por la adjudicación de una nueva licencia para sacar a la luz una cadena de televisión, que vendría a sumarse a la ya de por sí larga lista de medios de comunicación regentados por el imperio de Polanco en el estado colombiano [3] .
Sin embargo, como digo, no es mi pretensión abarcar aquí el análisis de los intereses políticos y económicos que las diferentes multinacionales españolas de la comunicación tienen en la zona, ni tampoco, aunque no me faltan ganas, hacer una disertación sobre el vergonzoso suceso de la expulsión del profesor de la cadena de PRISA (también otros, él mismo incluso [4] , lo han hecho ya antes de manera brillante). Mi intención, aunque estrechamente relacionada, es otra que por su amplitud pudiera ser incluso aún más clarificadora.
Si bien considero que, en consonancia con mi visión marxista de los hechos, el fenómeno económico es determinante en todo este asunto de la manipulación informativa (pues sobre él sustentan su estrategia manipuladora los diferentes medios -pro golpistas- que invaden cada día nuestros quioscos y espacios radioeléctricos), hay otro argumento, a mi juicio, que por su importancia real, y sin dejar nunca de estar directamente relacionado con este primero, compite en su valor con la lucha económica pura y dura como causa de la mentira y la manipulación habitual en todos estos medios cada vez que hablan de América Latina. Este argumento, que no es en absoluto nuevo, que de hecho se viene dando desde los primeros pasos de las revoluciones obreras en el siglo XIX, no es otro que el miedo: el miedo que la derecha, que la burguesía, que el orden de poder establecido, tiene a la capacidad de movilización de la izquierda revolucionaria mundial en su lucha por alcanzar la justicia social y el socialismo (que vienen a ser lo mismo).Tienen miedo, mucho miedo, y por eso mienten y manipulan.
Miedo, como no podía ser de otra manera, a tener que enfrentarse a una sociedad organizada y movilizada, a tener que verse las caras con un proletariado concienciado de su papel en la lucha de clases, a tener que salir a combatir de frente contra un pueblo alzado que pida y reivindique el cumplimiento real de sus derechos, políticos y económicos, que como mayoritariamente formado por trabajadores le corresponde. Es un miedo atroz a perder el control del orden social, a perder la posesión de los medios de producción que controlan a su antojo y a tener que ceder sus privilegios de clase para convertirse, de la noche a la mañana, en unos integrantes más de la colectividad común, sin los lujos ni comodidades propios de su actual estatus. Es sencillamente miedo a la revolución proletaria.
Así que, a mi manera de ver, es ese miedo atroz, desbordado, ese temor profundo a la revolución que se saben incapaces de poder parar si contase para ello con todos los efectivos, el que los obliga a tener que trazar toda una compleja estrategia de manipulación y control social que evite en última instancia el pensamiento crítico del ciudadano, que sirva para imponer, por el contrario, el pensamiento único. Esto, vuelvo a repetir, no es nada nuevo, es más, es algo propio de la lucha de clases tal y como nos la describiera Marx: Quien tiene el poder de los medios de producción y del estado gracias a la explotación capitalista, sabedor de su condición privilegiada, hará siempre todo lo que esté en su mano para mantenerlo, y temeroso de que cualquier movimiento revolucionario pueda arrebatárselo, dará prioridad en su lucha de clase al desarrollo de estrategias supra-estructurales que en sí mismas tengan la capacidad de aplacar, antes siquiera de que hayan comenzado, los potenciales sentimientos revolucionarios de las masas explotadas.
Pero, sin ser novedoso, si es cierto que hoy en día este miedo a la revolución está a unos niveles tan elevados que obliga por ello a la alta burguesía a dar prioridad a esta estrategia de control social como pocas veces antes hubieran de hacerlo, pues todo lo que creían tener controlado de sobra hace apenas 20 años (tras la caída del bloque soviético) se les va desmoronando entre las manos como un castillo de naipes.
Resulta que ante su atónita mirada la izquierda revolucionaria mundial está renaciendo (si es que alguna vez murió) de sus cenizas, siendo esta la peor noticia, la más horripilante, que pueden recibir aquellos que han hecho del imperialismo, la explotación, el saqueo de materias primas y el atentado a los derechos humanos su modo de hacer política y de relacionarse con el mundo. Por más que traten de negarlo, por más que traten de manipularnos para hacernos creer que lo tienen todo controlado, la realidad es bien distinta: les están temblando las piernas, están manchando sus pantalones de excrementos, sólo de pensar lo que se les puede venir encima como los procesos revolucionarios hoy en curso en América Latina (y especialmente el venezolano) tengan éxito. Es por ello que, cual animal herido que lanza sus zarpazos, hacen todo lo posible para: a) acabar con ellos antes de que empiecen a dar verdaderos resultados imposibles de ocultar al mundo, b) vender de ellos al mundo “rico” una imagen de procesos antidemocráticos y corruptos, dejados por el diablo en manos de tiranos y dictadores.
Y es que, máxime en la actual coyuntura de colapso del capitalismo a nivel mundial en la que nos encontramos, el efecto dominó que el éxito de estos procesos pudiera tener a nivel internacional, puede jugarles muy malas pasadas.
Con la caída del muro de Berlín, con la transición política hacia el capitalismo de los países de Europa del Este, estas clases burguesas, estas élite imperialistas mundiales (hoy las mismas que ayer), creyeron haber conseguido derrotar completamente a la amenaza socialista. Pero ya nos advirtieron otras voces que se estaba perdiendo tal vez una batalla, pero ni mucho menos la guerra. A la par que el muro de Berlín caía, como el propio comandante Chávez ha reconocido en más de una ocasión, un nuevo movimiento de masas, amparado en la tenebrosa sombra del “Caracazo”, comenzaba a brotar con fuerza sobre la tierra fértil de una América Latina combativa y revolucionaria por naturaleza. Un movimiento que no sólo habría de aprender la lección histórica que supuso la caída del socialismo europeo, sino que recogía las influencias de toda una verdadera tradición de lucha y combate social en el continente, desde Simón Bolivar a Fidel Castro, pasando por José Martí, el Ché, Salvador Allende y tantos otros. Un movimiento que vendría para acabar con centenares de años de explotación, marginación y sufrimiento de pueblos enteros, y que no se detendría ante nada ni ante nadie. Un movimiento del pueblo para el pueblo, de América Latina para el mundo. Un movimiento que hoy es ya toda una realidad evidente, innegable, de ahí el miedo de los imperialistas y los capitalistas.
Tienen miedo porque estos movimientos están empezando a dar frutos con una correcta gestión política y económica de sus países: generando riqueza, buscando las vías para hacer un reparto más justo y equitativa de la misma y, sobre todo, por encima de todo, dando voz, voto y presencia política y social a quienes hasta entonces ni siquiera podían tener sus cédulas de identidad en regla. No es que fuesen excluidos, es que directamente ni siquiera existían para los estados capitalistas.
Esto ya de por sí es suficiente motivo para el temor de las oligarquías locales. Pero son otros, no muy lejanos a estos, los temores que han terminado por llevar a las oligarquías internacionales a meterse de lleno en la lucha contra todos estos procesos revolucionarios, en el sendero de la manipulación, la mentira y la necesidad de echar mierda y más mierda sobre la imagen que de ellos ha de llegar al resto del mundo, especialmente al sumiso y apaciguado mundo capitalista occidental. De no hacerlo (y aún haciéndolo) los efectos para con sus intereses pueden ser devastadores.
Primero porque, gracias a personas como el comandante Chávez, la izquierda mundial está volviendo a encontrar esos referentes ideológicos vivos que tanta capacidad de influencia han tenido desde siempre en los movimientos y organizaciones obreras del mundo entero. Con la caída de la URSS, con el desprestigio de figuras históricas de la revolución como Lenin o Mao, con la degradación que el consumismo-capitalismo ha hecho de la figura del Ché hasta convertirlo en una imagen de compra y venta, con el aislamiento al que lograron exponer a Fidel Castro tras el hundimiento del bloque soviético, la izquierda revolucionaria mundial se había quedado huérfana de líderes con carisma, exenta de personajes de esos cuya sola presencia en el panorama político internacional hace remover consciencias, cuya figura tiene el suficiente carisma y la suficiente repercusión mediática como para entusiasmar a las masas e ilusionar a quienes están dispuestos a luchar por cambiar las cosas. Pero la irrupción de figuras como Hugo Chávez ha conseguido dar la vuelta a la situación. Hoy estos líderes revolucionarios, y especialmente Chávez, son reconocidos mundialmente por los movimientos revolucionarios, son seguidos y respetados, y son apoyados desde la lejanía por millones de personas que han puesto en ellos muchas esperanzas de sus propias luchas. El negro túnel que se cernía sobre la izquierda en 1989 empieza hoy a tener una luminosa salida en el horizonte, y para ello figuras como la de Chávez han sido verdaderamente determinantes. Por eso lo tachan de loco, de tirano, de dictador, de megalómano, de todo cuanto pueden para desprestigiarlo como persona y como político, sabedores de que a medida que su figura se va haciendo más grande a nivel internacional, no es sólo que su proyecto político se consolide a nivel interno, sino que se va expandiendo, sin prisa pero sin pausa, por todos los rincones del mundo. Hoy día la izquierda revolucionaria mundial vuelve a tener un proyecto y unos líderes, y eso es algo demasiado difícil de digerir para los asustados estómagos de los imperialistas, que ya daban por hecha su victoria. He ahí una de las grandes causas de la necesidad que estos grupos tienen de mentir y engañar sobre la verdad de los hechos que acontecen por aquellas tierras latinas.
Segundo porque, según los movimientos revolucionarios vayan dando resultados a nivel socio-económico (como de hecho está ocurriendo), el peligro de una reacción en cadena que pueda incluso llegar a la vieja Europa, se va incrementando. Buena parte de la estrategia de manipulación de masas que los capitalistas llevan a cabo en los países occidentales del primer mundo, se fundamenta en la extensión de la creencia relacionada con la supuesta hegemonía económica del capitalismo frente a cualquier otro sistema alternativo, especialmente el socialismo. El nivel de vida que el capitalismo puede ofrecer a los trabajadores, nos dicen, como demuestra la situación actual del mundo, es muy superior al que cualquier sistema de izquierdas (obsoleto y fracasado) pudiera ofrecerle. Se olvidan entonces de que existen centenares de países en todo el mundo que, aun cuando han seguido los mandatos de las principales instituciones capitalistas a nivel mundial, viven en la absoluta pobreza. Se olvidan también de la cantidad de bolsas de pobreza y marginación que existen en cualquier ciudad de cualquier país capitalista del mundo, inclusive los más ricos (sólo hay que ver el estado de muchos suburbios en EEUU, o, sin ir más lejos, de los barrios más pobres de ciudades como Sevilla, Granada, Málaga, Madrid, Barcelona, etc.). Por supuesto olvidan nombrar también el saqueo y la explotación a la que históricamente los países ricos han sometido a los países pobres, o el gran negocio que a día de hoy tantas multinacionales occidentales hacen a costa de la miseria de los países pobres donde tienen sus fábricas u otros medios de producción, secuestrando sus recursos e impidiendo con ello su desarrollo. Pero, a pesar de esto, a modo general, hemos de reconocerlo, suelen tener éxito en la propagación de esta estrategia manipuladora.
Sin embargo, la tendencia actual en la que se encuentra la economía mundial puede acabar por sacarles definitivamente la careta y poner de manifiesto el engaño. Mientras que en los países occidentales hemos entrado en una crisis económica de dimensiones brutales, con un colapso casi total del sistema financiero internacional, y la amenaza de una recesión a corto plazo en casi todos los países importantes del orden económico clásico, países como Venezuela, y en general casi todo el área de América Latina, crecen a unos niveles como pocas veces antes (por no decir ninguna) les había ocurrido durante toda su historia. Esto quiere decir, además, que mientras en Europa y el resto de países capitalistas occidentales los trabajadores empiezan a verse con el agua al cuello, en los países revolucionarios de América Latina cada día que pasa existe un reparto más equitativo de la riqueza y los trabajadores empiezan a tener una mayor confianza tanto en sus propias posibilidades, como en las de aquellos gobiernos que los rigen (véanse los datos, por ejemplo, del último Latinobarómetro [5] ). La cuestión es que, entrelazando ambas tendencias, si el crecimiento económico de estos países se sigue viendo acompañado por un beneficio directo para sus clases trabajadoras, mientras que en los países capitalistas va ocurriendo justo lo contrario, por más que los medios de comunicación intenten manipular a las masas, puede llegar el día en que los trabajadores de estos lares acaben por abrir sus brazos a esas otras alternativas que tan buenos resultados están dando en otras partes del mundo. Se puede engañar a alguien una vez, se puede engañar a muchos muchas veces, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo. Podemos estar seguros de que a medida que los procesos revolucionarios vayan dando resultados reales, a medida que el nivel y la calidad de vida de sus ciudadanos, así como el reconocimiento de sus derechos y el respeto por sus condiciones sociales y laborales vaya avanzando, cada vez serán más los trabajadores del mundo occidental que empiecen a mirar con buenos ojos hacia allí, esperanzados en salir de la situación de desesperanza en que poco a poco los va sumiendo el capitalismo por aquí. Esto es algo incluso natural en el espíritu humano, que siempre va en busca de lo mejor para sí mismo.
Es por ello que es tan importante que estos gobiernos revolucionarios y progresistas se mantengan firmes en sus proyectos socio-políticos y económicos, sin dejarse arrastrar por la corrupción ni el ansia de poder, pues lo que está en juego a largo plazo no es sólo el funcionamiento de una u otra economía en un país determinado, sino, como ya ocurriese en tiempos de la guerra fría, el modelo económico que ha de regir la economía mundial, para bien o para mal de la inmensa mayoría de los 6000 millones de habitantes que moran en este planeta nuestro, durante los próximos siglos.
Por favor, camaradas dirigentes revolucionarios, compañeros, les hago un llamamiento, no nos fallen a quienes creemos en ustedes, desde la lejanía, como una esperanza de futuro que haga despertar la consciencia dormida de nuestros conciudadanos aquí en Europa y otros países capitalistas del mundo. Les necesitamos. Pero sobre todo no fallen a sus respetivos pueblos. Un golpe tan duro no podrían (podríamos) soportarlo. Pero no podrían soportarlo ni ellos ni, lo que a la larga puede ser más importante, el prestigio de la izquierda a nivel mundial (muy tocada aún en su credibilidad, seamos realistas, por el fracaso de la URSS y otras experiencias revolucionarias), con el consecuente daño que eso supondría para tantos y tantos millones de seres humanos necesitados de una alternativa real y efectiva al devastador capitalismo neoliberal en el que hoy vivimos. No nos fallen compañeros.
Termino este artículo, si me permiten, con unos versos que pueden servir en cierta medida a modo de resumen de todo lo expuesto, aunque ya en sí mismos son un llamamiento a la esperanza y la lucha que es de tod@s y para tod@s:
Nos dabais por muertos, pobres ilusos.
La rabia del pueblo no perece.
El sudor ensangrentado no fallece.
Queríais enterrarnos a todos, pero
Somos muchos, muchos; muchos más
Que vosotros.
Mientras haya explotación, allá
Habrá lucha. Nos pueden alienar,
Nos pueden someter, podrán
Reprimirnos y condenarnos,
Incluso podrán asesinarnos.
Pero no podrán jamás evitar que
Sigamos alzados.
Tenemos manos, tenemos pies,
Tenemos la fuerza de nuestro trabajo.
Tenemos sueños y esperanzas.
Tenemos la razón de nuestro lado.
Tenemos ideas, tenemos experiencias,
Tenemos un pasado que rememorar.
Tenemos ganas y fuerzas.
Tenemos todo un mundo por cambiar.
Somos hijos y nietos de aquellos obreros,
De aquellos campesinos, de aquellos parias
Que se organizaron y combatieron por la libertad,
De aquellos valientes que prefirieron morir de pie,
Antes que vivir por siempre arrodillados.
Su memoria vive en nosotros.
Como vive también en cada rostro,
En cada mirada, en cada estómago
De aquel hombre que sufre, que
Pasa hambre. En el marginado,
En el excluido, en el otro. En todos
Aquellos lugares donde el esclavo
Sigue arrastrando sus cadenas, como
Antaño.
Nos dabais por muertos, pero hemos vuelto.
Y con fuerza resuenan nuestros gritos en todo
Un continente entero. De allí brotará la mano
Que abrirá las grandes alamedas por donde
Pase el hombre libre para construir una sociedad
Mejor.
Nos dabais por muertos, es cierto.
Pero hemos vuelto.
Y ahora quienes están muertos
Son ustedes. Muertos de miedo al
Saber que la esperanza y el sueño de la libertad,
Que la utopía, nunca muere.
¡Venceremos!
[1 ] http://www.elpais.com/audios/cadena/ser/Analizamos/figura/Hugo/Chavez/William/Cardenas/Carlos/Fernandez/Liria/elpaud/20080725csrcsr_9/Aes/
[2] http://www.aporrea.org/medios/n117871.html
[3] http://www.terra.com.co/farandulaytv/articulo/html/far706.htm
[4] http://blogs.publico.es/dominiopublico/680/la-prensa-espanola-y-sus-verguenzas/














Deja un comentario