Con mi solidaridad al Arzobispo Hipólito Reyes Larios
Resulta estremecedora la manera en que algunos enfermos se despojan de cualquier atavío de humanidad. La brutalidad con la que se actuó, es una muestra más acerca de la ética distorsionada que padecen muchos miserables. Soy una persona a la cual se le dificulta otorgar el pésame, pues me parece que el cúmulo de emociones ante la pérdida de un ser querido resulta perturbador. Mis sinceras condolencias para la familia Reyes Luna y espero que pronto encuentren el sosiego que requieren para superar este trance tan complicado. Vivimos en una sociedad global en donde el culto a la violencia demuestra que la ética de la responsabilidad se erosiona ante la indiferencia. Las muestras de crímenes atroces indican que hay muchos sujetos desquiciados que merecen la aniquilación. No será nunca lo mismo aquel que delinque para llevar comida a su casa que aquellos profesionales del terror que carentes de buen juicio y sin el más mínimo respeto por la vida, se atreven a ser ejemplos de la inmundicia mental. Me quedo sin palabras ante la muy generosa exposición del Arzobispo Reyes Larios, al esperar que la misericordia celestial también se les conceda a los responsables de esta atrocidad. Mi naturaleza no es tan condescendiente por obvias razones, pero situaciones como esta -tan angustiantes y a la vez con tanta inspiración de rabia- son las que motivan a que ciertos sectores de la población piensen en que los legisladores federales deben debatir ampliamente y permitir que en el caso de ser descubiertos los culpables y una vez desahogadas las pruebas correspondientes, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y por consecuencia el Código Penal Federal deben contemplar a la pena capital como una posibilidad. La forma en que la desdicha llegó a esta familia, es de una naturaleza inconmensurable, por lo que en este caso la pena corporal tendría que ser directamente proporcional al crimen perpetrado. Es cierto que la vocación religiosa es un camino para reconfortarse, pero reconociendo a la justicia como potestad de los tribunales, es necesario que este asunto que tiene consternados a los veracruzanos, no quede impune. Por ello quiero resaltar la manera en como el Gobernador Fidel Herrera Beltrán -en un gesto adhesión ante tan agraviante asunto- se pronunció de manera solidaria y manifestó el compromiso de su administración por contribuir al esclarecimiento de este asesinato. Sin duda alguna que nuestro Ejecutivo Estatal tiene este posicionamiento porque su genuino sentimiento paternal y su calidad de Hombre de Estado, le obligan a mantener esta actitud inflexible ante quienes quieren provocar el sufrimiento. El duelo del pasado martes en Orizaba, tuvo la característica sui generis de que todos los católicos de Veracruz se declaraban presentes para unirse al dolor de don Luis Reyes y Zoila Luna. Los veracruzanos siempre generosos y solidarios en la espiritualidad, se encuentran cercanos a quienes les toca sufrir este drama. En esta ocasión tengo que admitir que me he quedado sin palabras ante la humildad con la cual el Arzobispo Reyes Larios se refirió en la homilía previa al traslado hacia el cementerio: “Le pedimos al Señor, el perdón por nuestros pecados y también por los de las personas que se dedican a hacer el mal”. Ante lo mayúsculo de la tragedia, cualquiera reaccionaría de una forma más irascible y condenatoria, pero respetuosamente admiro su calma. Comentarios: luisguifranco@hotmail.com
















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