Perdón… ¿Me aloqué?


Ah, me olvidaba… Y felíz día del Padre

Fernando Buen abad Domínguez, para celebrar el día de la libertad de prensa escribió: “El “mercado” de las noticias efectistas compra y vende muchachos con doble moral: bravucones y mansos. Talentos de la información “espectacular” que venden payasadas y degeneración galopante leídas como noticia. Se piensan “simpáticos” y alguien les hace creer que son muy listos porque cobran mucho por sus servicios que contribuyen a criminalizar la lucha obrera, campesina, de movimientos sociales… minuto a minuto y “desde el lugar de los hechos”. No importa qué bajeza haya que usar: chistes vulgares, testigos falsos, jueces corruptos, políticos prostituidos, clérigos en desgracia… Salen en la tele cada mañana esos periodistas de la mansedumbre que siempre están bien dispuestos a bajarse los pantalones para cobrar fama y dinero. Sus fines (mercenarios) justifican a sus noticieros.

¿Alguien en su sano juicio puede aceptar que ese circo sanguinolento y canalla es oficio de periodistas verdaderos? Los medios burgueses venden como “noticia” su evangelio de violencia y desgracia cotidiana… venden huracanes, terremotos, sequías, balaceras, traiciones, corrupción y terrorismo mediático depurado como producción informativa de espejismos ante las miradas atónitas de la población, los niños, los adolescentes, los adultos, hombres y mujeres y lo convirtieron en negocio: lindos muchachos, científicos de la “información”, “profesionales” de la noticia, “salvaguardas” de los hechos… sepultureros de la verdad.”

Hubo tiempos en los que, hoy, después de tantos años nos atrevemos a preguntar, por ejemplo: “en toda sociedad y en todas las épocas, la libertad de expresión ha existido siempre. Al menos, para algunos. Nadie ha impedido jamás al papa o al rey de Francia expresarse libremente. Por definición, la censura ha sido siempre ejercida por quienes tienen el poder, y en particular, por quienes disfrutan de libertad de expresión, contra quienes no lo tienen. Por consiguiente, la única cuestión que hay que plantear a propósito de la censura es la de saber en nombre de qué principios las gentes que pueden expresarse tienen derecho a impedir que otros lo hagan.”

Marcos Roitman Rosenmann de la Jornada escribe sobre Felipe Calderón en los siguientes términos: “Recibido con los honores de jefe de Estado, en medio de un paro patronal de camioneros, el presidente de México trae un mensaje diáfano a los empresarios españoles. La relación capital-trabajo es favorable para quienes deseen invertir en un espacio abierto, seguro y rentable.

México está en venta. Así expone sus argumentos: lucha contra el narcotráfico, la corrupción, la inseguridad jurídica y el crimen organizado son los mejores signos de una economía saneada y de un orden político que apuesta por ser competitivo. La guinda del pastel: el proceso de desnacionalización de las riquezas básicas, así lo anuncia en un programa de televisión: Los desayunos de TVE. En definitiva, no habrá obstáculos a las inversiones de España en infraestructuras.

La periodista, muy sonriente y pro Calderón, para dejar claro las distancias entre la incertidumbre del populismo y la seriedad del gobierno del PAN, pregunta de forma irónica: México privatiza, en tanto Venezuela, Argentina, Ecuador o Bolivia nacionaliza, ¿eso da seguridad a los empresarios españoles? ¿Trasladará las inversiones a su país? Calderón deja entrever cuál es el futuro: abrir el país a las trasnacionales ibéricas para llevar a cabo sus pingües negocios. Todo ello en medio de la pérdida de soberanía y autodeterminación.”

Mientras redactaba estas reflexiones, sonó el teléfono, al otro lado de la línea Antonio Remes Ojeda con la voz entrecortada por la emoción me comentó lo que sentía al estar en el funeral de Karina, amiga de su hija ya que vivieron once años por esa zona, la amistad que le une con Hipólito Reyes Larios, Arzobispo de Xalapa -Toño Remes fue seminarista y estudió junto con el arzobispo- amén de la impotencia a pesar del papel que juega dentro de la actividad política estatal, ante tan atroz y brutal crimen.

Las palabras del gobernador: “Es un hecho que nos llena de dolor y de rabia, la violencia insensata, estúpida, en una ciudad buena y limpia, en una familia noble y con tantos servicios a la comunidad, nos llena de dolor y de compromiso”, pero aún así no es suficiente, insistir en la necesidad de poner un alto a la violencia en Veracruz no es sólo pedir la intervención federal, la insistencia es por la casa, si en mi casa mando yo y no pongo orden en ella, entonces, ¿Qué será de mi casa? ¿Es necesario que venga otro a componer lo que no está bien?

Recuerdo que uno de mis maestros allá en los gloriosos años de la ESBAO nos enseñó latín –obligatorio en esa época- comenzó con frases latinas y una de ellas –curiosamente que se emplea mucho en campaña y poco en el ejercicio de la función pública- dice: Factam, non verba… pero en Veracruz Vamos bien, el esfuerzo continúa… ¿Cuántos jóvenes más tendrán que morir a causa del envenenamiento masivo o del exceso de plomo ante la mirada impávida de nuestras autoridades?

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