PEDERASTA


Los Estados Unidos de América son la cúspide de la perversión. Ser pederasta resulta entre algunos, un orgullo del cual presumir y un derecho que defender. Resulta terrible la existencia de caballeros oscuros que deciden que su enfermedad mental puede salvarse, sin recato y ajenos a la legalidad. Al parecer, se autoproclaman como baluartes de una sórdida “inmunidad moral”. Me refiero muy particularmente a la Asociación Norteamericana del Amor entre Chicos y Hombres (NAMBLA por sus siglas en inglés). Esta cofradía conformada primordialmente por adultos homosexuales se fundó en 1978. La página oficial (traducida también al español, por ser modelo de algunos enfermos iberoamericanos) se ufana en comentar que la organización “fue inspirada por el éxito de una campaña basada en la comunidad gay de Boston que se defendió contra una caza de brujas local”.

La meta de Nambla es poner término a la extrema opresión que sufren los hombres y chicos que tienen relaciones mutuamente consensuales con la siguiente estrategia: 1. Proporcionando comprensión y apoyo para tales relaciones, 2. Educando al público sobre la naturaleza benévola del amor entre hombres y chicos, 3. Cooperando con movimientos de liberación gays, lesbianas, feministas y otros, 4. Apoyando la liberación de personas de todas edades contra los prejuicios sexuales y la opresión.

Es nauseabundo la manera en que idealizan su porquería conductual, los documentos que ha expuesto de manera valiente la periodista Lydia Cacho, han puesto en evidencia toda la fatalidad de esta industria de excrementos, donde el negocio carnal es procurado a través del mancillamiento de la inocencia infantil. La realidad es más pavorosa que cualquier ficción, por ello duele que en nuestro país haya redes identificadas con personas acaudaladas que se encargan de disfrutar de la prostitución de menores.

Los adjetivos que merecen estos miembros de la piara social parecen pocos, pero el común denominador es el de la condena y desprecio para quienes abusan de su condición para someter a los pequeños y así satisfacer sus más bajos instintos. Continuando con su demoniaca “declaración de principios”, la Nambla indica que cualquiera es bienvenido, “un socio de nuestra asociación puede ser cada uno que simpatiza con el amor entre hombres y chicos, así como con la libertad individual. La Nambla lucha por el fortalecimiento de los jóvenes en todas áreas, no sólo la sexual. Exigimos mayores oportunidades económicas, políticas y sociales para los jóvenes y denunciamos la discriminación desenfrenada por razones de edad que los segrega y aísla en un ámbito de temor y desconfianza. Creemos que los sentimientos sexuales son una fuerza vital positiva. Defendemos el derecho de los jóvenes y adultos de escoger a sus compañeros con los que desean compartir su cuerpo y gozar de él. Condenamos el abuso sexual y toda forma de coacción. Las relaciones libremente elegidas difieren del sexo no deseado. Las leyes en vigor que enfocan solamente en la edad de los participantes no hacen caso de la calidad de sus relaciones. Nosotros sabemos que las diferencias de edad no impiden la interacción mutua y cariñosa entre dos seres humanos. La Nambla se opone con vigor a las leyes de edad límite y todas las demás restricciones que niegan a los hombres y chicos el gozo completo de su cuerpo y el control de su propia vida”.

Estos angelitos del averno ofrecen su ayuda y se presumen incomprendidos, nada más vea la siguiente oferta asistencial: “La NAMBLA no suministra incitación, referencias ni asistencia a las personas que buscan contactos sexuales. Tampoco está involucrada en ninguna actividad que viole la ley, y tampoco abogamos a que lo haga nadie”. Esto auténticamente es una desfachatez, por ello esta aberración no puede extenderse en nuestro territorio, ya que se encuentra en peligro la salud física y mental de nuestros hijos. Menudo cinismo de esta petición que insisto, es una reproducción textual de sus intereses de grupo: “Exigimos una reforma legal en cuanto a las relaciones entre jóvenes y adultos. Hoy en día, miles de hombres y chicos se ven injustamente tratados como criminales en un sistema judicial que falla. El programa de presos de la NAMBLA trabaja para ofrecer un pedacito de humanidad a algunas de estas personas. Presione aquí para averiguar más. La NAMBLA es una organización política, educativa y de derechos civiles. Proporcionamos información objetiva y contribuimos a la educación social sobre la naturaleza benévola del amor entre hombres y chicos. ¡Hágase socio activo! ¡Puedes ayudar en esta lucha histórica!” No tienen madre. luisguifranco@gmail.com

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