La Iglesia de Jesucristo está consciente de su pecado y su miseria. Norberto Rivera
Ustedes se han percatado que en anteriores colaboraciones he sido particularmente crítico con algunos mensajes desproporcionados del sacerdote Quintín López Cessa, pero en esta ocasión manifiesto abiertamente mi regocijo por coincidir con su más reciente (y por fin útil) declaración de condena absoluta a cualquier persona que cometa abusos deshonestos contra infantes. Los pederastas con sotana y los perversos civiles merecen ser castigados de manera ejemplar por su crimen demoledor, donde la inocencia es acribillada por falos malditos que merecerían ser desmembrados con un cortauñas.
Con respecto a la frase que da inicio a estas reflexiones, en un comunicado del 12 de mayo, el Arzobispo Primado de México declara de manera contundente “Esta conciencia es la que constantemente nos hace voltear la mirada al Señor Crucificado para pedir perdón, pero sabemos que ese perdón está condicionado a perdonar nosotros también a los que nos ofenden y a pedir perdón a quienes hemos dañado”. Aquí debo acotar que no se puede perder de vista que fue puesto en entredicho la honorabilidad de este clérigo oriundo de Los Tepehuanes, Durango, debido al requerimiento que se le hizo legalmente para testificar por presuntamente encubrir a un consumado padre acusado de sodomía y violación de niños en los Estados Unidos de América.
El documento ampliamente difundido de manera electrónica y publicado en el Semanario “Desde la Fe”, continúa afirmando: “Como Arzobispo quiero expresar públicamente mi dolor, solidaridad y preocupación pastoral por aquellos niños y niñas que hayan sido víctimas de abusos por parte de sacerdotes criminales que, con estos actos tan deleznables y condenables han causado enorme daño, dolor, tristeza e indignación en sus inocentes víctima y en la sociedad”. No es casual que esta autocrítica se dé en días posteriores a la visita del Papa Benedicto XVI a la Unión Americana, puesto que el Obispo de Roma condenó y literalmente mandó al infierno a todos aquellos sacerdotes que olvidan su misión espiritual y se abrazan a los delirios de la carne abusando de los pequeños. Sería un error olvidar que numerosas diócesis como la que tiene residencia en Los Angeles, ha tenido que pagar millones de dólares como indemnización a personas que fueron víctimas sexuales de religiosos.
El comunicado en comento apunta en primera persona: “Siempre he condenado estos terribles actos inmorales y he pedido al Pueblo de Dios que si sabe de estos crímenes, tengan el valor y la responsabilidad de denunciarlos tanto a las autoridades civiles como eclesiásticas”. Caray, dentro de todo lo maltrecho que se encuentra la fama de los jerarcas católicos y que incluso ha tenido alojo en la persona de Norberto Rivera Carrera, es alentador que haya este mensaje para deslindarse de esta terrible expresión de la piara social.
La condenación es severa (en el discurso, esperemos que también en los hechos) y una especie de anunciación del castigo eterno, haciendo uso de sus cualidades como predicador (al fin doctorado en sociología): “Como Pastor que tiene el deber de velar por sus fieles y ahuyentar los lobos del rebaño, con mi autoridad episcopal he condenado públicamente los actos de pederastia que afectan terriblemente a los más inocentes. Y he advertido a mis sacerdotes aquí, delante del Pueblo de Dios, que si alguno de ellos comete estos abominables actos, es denunciado, y probado el delito; ni un servidor, ni la Arquidiócesis de México defenderá o tolerará al delincuente, antes bien dejará que la autoridad civil o eclesial actúen con todo el rigor de la ley y pague, en consecuencia por sus crímenes”.
Para finalizar planteó ocho medidas precautorias para eludir las garras de la perdición pedófila, de la cual destaco la proposición sexta: “He pedido a mis Obispos auxiliares organicen reuniones con sus sacerdotes, pidiendo la colaboración de expertos en Derecho Canónico y el Código Penal, a fin de que los presbíteros tengan claridad de las consecuencias que enfrentarán si cometen el delito de abuso sexual”. Ante el escándalo que se desató recientemente en la región de Córdoba, sería muy provechoso que sin pudor el Padre Quintín López Cessa informe de manera oportuna acerca del calendario y los lugares en donde se realizarán estas jornadas de análisis, en donde sugiero respetuosamente que se permita la asistencia de laicos, pues son la mayoría de los feligreses. No debemos abstraernos a este eje macabro que en su momento denunció Lyda Cacho. En Veracruz no queremos pederastas que se escudan en su sotana o en los privilegios de su poder político y económico. luisguifranco@gmail.com

















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