Verónica Woodhouse
Las cosas en Veracruz, van de mal de peor, pues cuando no se ejerce la más cruda represión para acallar las voces de protesta de los más necesitados que, con justa razón, se levantan para pedir que se cumpla con la palabra empeñada por el gobierno de la Fidelidad, la creciente e incesante ola de inseguridad que se vive a lo largo y ancho del territorio veracruzano, nos cimbra nuevamente.

Desde hace cuatro años, todos los que vivimos en estas tierras, hemos sido testigos del paulatino avance de la inseguridad, la cuál, cómo hemos dicho otras veces, se ha convertido en el talón de Aquiles de la Fidelidad.

De nada servía que las autoridades estatales, repitieran una y otra vez que en Veracruz, los malosos no tenían cabida y que no se extendería ni visa ni pasaporte a los miembros de la delincuencia organizada, cuando ésta ya se encontraba operando a sus anchas en estas tierras.

Nunca se entendió que a los malosos y a los amantes de lo ajeno, no se les combate con palabras, sino con acciones concretas y especificas, mismas que sólo se emprendieron de los dientes para afuera, pues nunca dieron resultados tangibles.

Cómo nunca antes en la historia de Veracruz, las autoridades se vieron rebasadas y la ciudadanía se convirtió en rehén de la delincuencia, pues los robos, asaltos, levantones, secuestros, homicidios y ejecuciones se encontraban a la orden del día.

En algún momento, las autoridades tendrán que poner un alto, decían los más optimistas… Con el cambio del titular de la Secretaria de Seguridad Pública, las cosas ahora si van a mejorar, decían otros, quienes como nosotros, nos quedamos esperando a que esto sucediera…

Dos procuradores y tres secretarios del ramo han desfilado ya y las cosas no han mejorado, al contrario, cada vez las bandas del crimen organizado se mueven con mayor impunidad, sin que nadie les ponga un alto, pues han hecho de Veracruz su casa.

Las extorsiones, los secuestros y los levantones lo mismo se llevan a cabo en el norte, en el sur y en el centro. Nadie se salva, ni siquiera los altos funcionarios o los alcaldes, quienes no hace mucho, hasta se aventaron la puntada de declarar públicamente que con recursos públicos, tuvieron que caerse con su mochada.

La demagogia, como bien dijo el director general del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes Linares, no sirve de nada para acabar con la delincuencia, al contrario, la alienta y, nosotros, creemos que no hay nada más cierto que esto, pues para muestra, basta con un botón. Nadie que viva en Veracruz, podrá decir lo contrario.

Aprovechamos este espacio, para enviar nuestras condolencias a la familia del funcionario federal, así como al coordinador de la bancada priísta del Congreso local, Héctor Yunes Landa, la cuál, se encuentra de luto por el artero asesinato de José Antonio Yunes Zamudio.

¿Hasta cuando las familias veracruzanas dejarán de vivir este tormento?

PS: Los veracruzanos merecemos que la tranquilidad regrese a estas tierras. ¿Es este el legado de la Fidelidad? Si no pueden… Qué renuncien.

Comentarios: verowoodhouse@gmail.com

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