LUIS GUILLERMO FRANCO
En política lo importante no es tener la razón, sino que se la den a uno. Adenauer
En política lo importante no es tener la razón, sino que se la den a uno. Adenauer
Tengo amigos rojos, azules, amarillos, naranjas y verdes. Tú, al igual que mis camaradas, formamos parte de ésta generación que ha sido testigo y protagonista de cambios tan inusitados, no solamente en nuestrog país, sino en el orbe entero. La ausencia de autoritarismos y verticalidades de los que no añoramos su regreso, nos han concedido una mayor libertad para decidir y actuar con compromiso. En nuestras convicciones se encuentra la idea faro para ampliar nuestras oportunidades de participación política. Damos nuestro mejor esfuerzo y apasionada dedicación para lograr que la sociedad se convenza que el partido político en el que militamos, cuenta con la mejor oferta social. No importa si caemos en la tentación de clasificarnos dentro de la geometría política en izquierda, derecho o centro; compartimos aspiraciones y anhelos de bienestar colectivo. Nuestras palabras pueden influir decisiones familiares o simpatías colectivas. Ahora más que nunca, político acartonado inspira desconfianza. La sociedad quiere líderes sociales y servidores públicos caracterizados por su cálida sinceridad y no como agudos ejemplos de jerarquías soberbias e inflexibles.
La actitud es un factor decisivo para el crecimiento político. La arrogancia erosiona la aceptación de la ciudadanía. La Intransigencia carcome la posibilidad de dirigir eficientemente un equipo. Darle crédito a bocas turbulentas es una apuesta peligrosa. Nutrir intrigas suele convertirse en un ejercicio que provoca el mismo efecto de escupir hacia arriba. Un buen político es un incansable lector, debido a que el conocimiento ordena y clarifica nuestra pasión por el servicio público. Considerada como una actividad encaminada a ejercer el poder público para beneficio de la población, la política ostenta reglas de urbanidad elementales para evitar la crispación provocada por ventajosos, sordos y altivos. En política se vale discutir con argumentos, se vale ser oposición inteligente y promotora de opciones, se vale plantear alternativas para hacer eficaz el ejercicio gubernamental, pero lo que no se vale es ser desleal y mentirle a la gente.
Antes del color que identifica a nuestros partidos, creemos en nuestra misión suprema de lograr una sociedad mas justa. Entre nosotros no hay desencuentros, actuamos con naturalidad, con gusto nos vemos y podemos platicar durante horas para coincidir en que falta mucho por hacer y que podemos construir más de lo aportado hasta ahora. Nos animamos y deseamos suerte en nuestros planes. Es claro, la constancia es la clave que incrementará las responsabilidades, y es preferible que nos conozcamos desde ahora para así confiar en cuanto nos toque construir acuerdos. Al momento de estar con un militante de un partido distinto al nuestro, debemos ser pacientes y receptivos, para así tomar decisiones que surjan de evaluar capacidades y propuestas y no sujetarse jamás a caprichos o limitarse sólo a las afinidades de carácter ideológico. Nadie renuncia a sus ideales. Por ello debemos preguntarnos: ¿hasta dónde tomar acuerdos antes de que las diferencias y prejuicios nos separen?
El trabajo de gobernar, para ser vigoroso y efectivo, tiene que eludir cualquier tipo de certeza moral que se presente como “objeción racional”. Max Weber afirmaba contundentemente que un buen hombre de estado, debía asumirse como garante del orden, anteponiendo el bienestar colectivo y retirado de cualquier convicción personal que ponga en riesgo la calma social: “En la ética de la responsabilidad, ninguna intención, por buena que sea, logra justificar una catástrofe en el aquí y el ahora”.
Los políticos no son eternos, también mueren. No hay peor expiración que la acontecida con un corazón palpitante. El político agoniza cuando se aferra a modelos que ya no responden a lo actual, cuando se niega a comprender los nuevos problemas, cuando objeta la participación de jóvenes y mujeres, cuando se cree el impulsor del cambio y no se da cuenta que la sociedad cambió antes que él. El profesional de la política sabe que puestos, dirigencias y liderazgos son cíclicos. Que las estructuras gubernamentales y partidistas deben oxigenarse con nuevos integrantes. Nosotros sabemos que el cargo es una oportunidad para servir y no para lucirse. Le damos la bienvenida a la competencia política, ya que nos obliga y estimula para prepararnos. Debemos ser congruentes, tener la preparación para estar, saber cuando es turno de la retirada y descartarse con dignidad. Ahí vendrá el cumplimiento de otro compromiso: promover y apuntalar la participación de jóvenes, como ahora lo hacen con nosotros.














Deja un comentario