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La fe de Coatepec

Un grupo de hombres cargando una estructura pesada en una procesión, destacando la concentración y esfuerzo de un individuo al frente.

De las cosechas prehispánicas al fervor por San Jerónimo

Hombre empapado por líquido en una celebración, sosteniendo una botella de jugo, con otros participantes en un ambiente festivo.

COATEPEC, VER. — Cada 30 de septiembre, las calles empedradas de este Pueblo Mágico se convierten en un hervidero de fe, devoción y colorido. Miles de habitantes y feligreses de la región de la Capital y las Altas Montañas se congregan para rendir homenaje a San Jerónimo, Santo Patrono de la comunidad. Sin embargo, detrás de la vibrante elaboración de los arcos florales, los tapetes de aserrín y el retumbar de los cohetes, subyace un sincretismo milenario cuya raíz se halla en las antiguas festividades paganas y prehispánicas de agradecimiento por la tierra.

Una escena festiva en la calle, donde dos personas juegan con tubos de colores mientras son rociados con agua. Al fondo, un grupo de espectadores observa desde un balcón.

Un ritual ancestral vestida de santidad

Grupo de niños celebrando en una festividad, llevando una ofrenda decorada mientras ríen y se divierten. Lluvia y ambiente festivo en el fondo.

La tradición de levantar arcos florales —estructuras monumentalmente tejidas con tepejilote, flor de cucharilla y follajes de la serranía— no nació con el cristianismo. Históricamente, el origen de estas festividades Patronales en el centro de Veracruz deviene del proceso de evangelización del siglo XVI, en el que los frailes franciscanos adaptaron los ritos agrícolas de las poblaciones nativas Totonacas y Nahuas a las festividades del calendario católico.

Celebración festiva con personas disfrutando de un chapuzón de agua en la calle, riendo y surprisos.

Antes de la llegada de los españoles, los antiguos pobladores realizaban en esta misma época del año (coincidente con el equinoccio de otoño y el cierre del ciclo agrícola) ofrendas a las deidades de la lluvia y la fertilidad, como Tláloc y Centéotl, en agradecimiento por las cosechas recibidas. Los arcos representan el portal de entrada entre el mundo terrenal y el divino, un símbolo pagano de abundancia que la Iglesia cristianizó al colocar a San Jerónimo —traductor de la Vulgata y símbolo de sabiduría— en el centro de la veneración.

Grupo de jóvenes bailando y jugando bajo una lluvia de agua en un festival, todos lucen sonrientes y empapados.

La fiesta no se detiene: Fe a prueba de lluvia

Grupo de hombres disfrutando de una celebración bajo un chorro de agua, riendo y bailando en un ambiente festivo.

Como ocurre de manera recurrente en el microclima de la región cafetalera, las intensas lluvias de las últimas horas no lograron desanimar a los barrios ni a las mayordomías. La preparación, que inicia semanas antes con la recolección del material en el monte y noches enteras de desvelo vecinal, culmina cuando las pesadas estructuras de varios metros de altura y más de una tonada de peso son levantadas a pulso por decenas de hombres al ritmo de la música de viento.

Grupo de personas disfrutando y bailando bajo la lluvia en un ambiente festivo.

Entre danzantes de Santiagos, San Migueles y los tradicionales «Huehues», la procesión avanzó hasta la fachada de la parroquia de San Jerónimo en el corazón del municipio, consolidando una de las muestras de religiosidad popular más importantes del estado de Veracruz.

Multitud de jóvenes disfrutando de una fiesta bajo el agua, con risas y alegría.

Gráficas: fotojarocha.com.mx / Luis Ayala


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